Mi💖😰😱 esposo me miró con desprecio y dijo: “Cómprate tus cosas sola. Ya estuvo bueno de vivir de mi dinero”. No respondí, aunque llevaba siete años ayudándolo a construir su empresa mientras renunciaba a mi carrera. Esa misma noche encontré el contrato que él había firmado por 980 mil pesos. Cuando recibió la carta de mi abogada, recordó de golpe que éramos una familia…
Una semana después descubrió que yo había dejado de comprar sus alimentos favoritos y de pagar varios servicios que correspondían a sus gastos personales.
—¿Por qué no hay nada para cenar?
—Compré lo que necesito. Pensé que tú te encargarías de lo tuyo.
—¡Mariana, somos esposos!
—Eso también éramos cuando me llamaste mantenida.
Se quedó callado.
El viernes siguiente anunció que recibiría a unos socios importantes en nuestro departamento.
Dejó un vestido sobre mi cama.
—Póntelo. Los invitados llegan a las siete. Y no vayas a mencionar tu ridículo tallercito.
—No voy a estar.
—¿Cómo que no?
—Tengo una reunión con un cliente.
Adrián soltó una carcajada.
—¿De verdad crees que alguien va a pagarte por hacer dibujitos?
Aquella noche regresé a casa con un contrato firmado para diseñar doce estampados textiles.
Adrián apenas lo miró.
—A ver si con eso te alcanza para comprar otro abrigo.
No respondí.
Lo que él ignoraba era que esa misma tarde Elisa había enviado a su empresa una notificación formal solicitando el pago del préstamo conforme al contrato.
El lunes, a las nueve de la mañana, Adrián me llamó furioso.
—¡Mariana! ¿Qué demonios significa esta carta? ¡Me estás exigiendo casi un millón de pesos!
—Es el dinero que te presté para comenzar tu empresa.