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Por primera vez comprendí que quizá nunca había sido víctima de una infidelidad.
Había participado en una injusticia.
—¿Qué más me ocultaron, Russell?
El investigador abrió un sobre marcado como «Seguimiento personal».
Dentro había una nota obtenida por uno de sus empleados.
Hablaba de un parto prematuro.
Y de 3 recién nacidos.
Dos niños: Mason y Bryce.
Y una niña que necesitaba una operación del corazón.
Una página mencionaba su traslado urgente a un hospital especializado en Monterrey.
En otra, alguien había tachado deliberadamente la dirección.
—¿Por qué investigaste ese nacimiento sin decirme nada?
Russell palideció.
—Walter quería saber si Megan había sobrevivido al embarazo sin pedirte ayuda.
—¿Y la niña?
Bajó la mirada.
—Se llama Hazel.
Sentí que me faltaba el aire.
Russell cerró los ojos antes de continuar.
—Pero alguien dio instrucciones muy claras de que nunca debías saber dónde estaba.
Parte 2: —¿Quién dio esa orden? —pregunté.
—No tengo el documento original.
Walter me indicó que no debía proporcionarte ninguna información sobre la niña.
—¿Y obedeciste?
—Igual que cuando te entregué aquellas fotografías.
Durante unos segundos quise golpearlo.
También pensé en llamar a los hombres que antes utilizaba para hacer desaparecer mis problemas.
Pero no hice ninguna de las 2 cosas.
Guardé las copias que Russell aceptó entregarme y le advertí que tendría que responder ante un abogado.
Esa noche encontré a Tiffany en nuestra casa, eligiendo invitaciones para la boda.
—¿Qué tan bien conoces a Walter?
Apenas levantó la mirada.
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