Lantana: La flor que no se rinde y cómo usarla bien en tu jardín


  • ¿Qué es la lantana?
  • La lantana es una planta amante del sol originaria de Centro y Sudamérica, aunque hoy se encuentra en muchas partes del mundo con climas cálidos. La especie más común es Lantana camara, aunque también se cultiva Lantana montevidensis, de crecimiento rastrero. En regiones como México, el Caribe, Colombia, Venezuela o el sur de España, puede vivir todo el año. En zonas más frías, como el centro de Chile o el norte de Argentina, se cultiva como anual o se resguarda en invierno.
  • Es una planta fácil de cuidar, con hojas rugosas y verdes oscuras y ramilletes densos de flores pequeñas que muchas veces cambian de color con el tiempo. Su follaje tiene un aroma fuerte, descrito por algunos como cítrico o picante, y ayuda a mantener alejadas las plagas y los ciervos.

  • Dos formas de crecimiento: erguida y rastrera
  • Lantana erguida
  • Crecen como pequeños arbustos y alcanzan entre 45 cm y 1,2 m de altura. Son ideales para bordes de jardín, macetas grandes o canteros. Algunas variedades populares incluyen ‘Landmark Rose Sunrise’, ‘Bandana Cherry’ y ‘New Gold’.
  • Estas lantanas suelen tener flores multicolor en tonos cálidos como rosa intenso, naranja, rojo y amarillo. Si buscas un toque llamativo y alegre para una zona soleada, estas son una excelente opción. También son perfectas para crear puntos focales en el jardín, ya que su forma compacta y su floración constante atraen la vista desde lejos. Muchas personas las usan para delimitar caminos o llenar espacios vacíos en jardines con mucha exposición solar. Además, toleran bien el viento y el calor extremo, lo que las hace muy útiles en zonas costeras o áridas.
  • Lantana rastrera o colgante
  • Crecen más cerca del suelo y se expanden hacia los costados, lo que las hace perfectas para cestas colgantes, jardineras, muros o como coberturas de suelo. Lantana montevidensis es la variedad clásica rastrera, y se encuentra generalmente en tonos lavanda o blanco.
  • Florecen tan bien como las erguidas pero se mantienen más compactas. Son excelentes para suavizar bordes o colgar sobre macetas. También son ideales para cubrir zonas donde otras plantas tienen dificultades para crecer, como taludes pedregosos o áreas con mucha exposición solar. Gracias a su hábito rastrero y floración prolongada, pueden transformar espacios simples en rincones vibrantes. En regiones costeras, funcionan especialmente bien porque toleran el viento salino y las condiciones arenosas. Si las dejas crecer libremente, forman alfombras de color que se extienden con gracia sin volverse agresivas.
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