Cinco años
Traje pequeño azul marino.
Rostro serio
Mirada fría
Demasiado parecido a su padre.
Tan parecido, que si Alexander lo vio una sola vez, no necesitaría prueba de ADN. Bastaría con mirarle los ojos para entender que el pasado había vuelto con zapatos diminutos.
A mi derecha estaba Luna.
Vestido rosa
Moño torcido
Ojos brillantes y curiosos.
Ella se parecía más a mí, aunque tenía esa forma de fruncir los labios cuando algo no le gustaba que también era de él.
Noah levantó la vista hacia el enorme logo plateado.
—Mamá —dijo—, ¿aquí trabaja el hombre irresponsable?
Me agaché frente a él y le acomodé el cuello de la camisa.
—Aquí trabaja el hombre que aportó la mitad de su ADN y luego desapareció de la historia.
Noah afirmando con una seriedad que habría dado risa si no doliera tanto.
Luna me tocó la mejilla con su manita.
—No estés triste, mami.
Tragué saliva
—No estoy triste
Mentí
Luna me miró como si supiera que las madres también mienten para no preocuparse a sus hijos.
—Noah y yo vamos a enseñarle a portarse bien.
Entonces sí me reí.
Una risa pequeña, rota, pero mía.
Los abracé a los dos. Les respiraré el olor del cabello. Los besé en la frente con una calma que me costó años aprender.
Luego le di la mochila a Noah.
Dentro había ropa para unos días, cepillos de dientes, sus pijamas favoritos, medicamentos básicos, una libreta con alergias, horarios y hábitos.
No más
El resto podría descubrirlo Alexander.
