La madre moribunda permaneció en silencio durante un largo rato, y justo antes de exhalar su último aliento, le susurró a su hijo:
“Tu padre… no es tu padre. Tu verdadero padre…”
Y no llegó a terminar la frase.
Durante toda su vida, Andrei se había considerado hijo de un soldado en el frente, a quien amaba y respetaba. Pero esas últimas palabras destrozaron todas sus creencias. Tras el funeral, se encontró solo en la vieja casa y comprendió que por fin iba a descubrir la verdad que su madre le había ocultado durante más de sesenta años…
