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—Precisamente porque no entiendo lo que pretendes, necesito leerlo.
Nunca me entregaron el contrato.
Ahora comprendía que habían decidido obtener mi firma de otra manera.
Esa tarde Emiliano vino a visitarme.
Estaba furioso porque habían utilizado su nombre para asustarme.
También me reveló que su padre necesitaba cerrar tres adquisiciones antes de terminar septiembre. Solo había conseguido dos.
El trato de Joaquín era el tercero.
—Si no cumplía, podía perder su puesto, abuela.
Dos días después, Patricia apareció con un pastel de manzana y una sonrisa fingida.
—Ricardo está muy presionado. No deberías ponerlo en esta situación.
—Tu marido me dijo que mi nieto estaba accidentado.
Su sonrisa desapareció.
—Si lo haces quedar mal, Emiliano no vendrá a verte en Navidad.
—Emiliano ya puede decidir por sí mismo.
Aquella noche Patricia publicó en Facebook que yo prefería entregar el legado de Joaquín a un empleado antes que ayudar a mi propio hijo.
En pocas horas, familiares y conocidos comenzaron a criticarme.
No respondí.
Pero el verdadero golpe llegó el sábado siguiente.
Recibí una tarjeta publicitaria de HidraPlus.
En ella aparecía una fotografía de Joaquín que yo había elegido para su funeral.
Debajo decía:
«El taller de Joaquín ahora forma parte de la familia HidraPlus. Mismo número, misma confianza. Gran inauguración: 17 de octubre».
Sentí que me ardía la cara.
¡Habían anunciado una compra que yo jamás autoricé!
Recordé que Ricardo había utilizado la computadora de Joaquín después del funeral, supuestamente para cerrar cuentas pendientes.
Allí estaba guardada toda la información de nuestros clientes.
Esa misma noche, Emiliano me llamó desde el automóvil de sus padres.
Hablaba casi en susurros.
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