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Ella se quedó inmóvil.
—¿Sentir cómo?
Mauricio no respondió.
Elena caminó hasta la recámara usando su bastón, aunque ya podía distinguir la puerta.
Se sentó en la cama.
Unos minutos después, Mauricio entró.
Ella creyó que venía a disculparse.
En cambio, lo vio mirar directamente hacia ella.
Después abrió el clóset.
Sacó una maleta negra.
Se arrodilló junto a la cama y la empujó debajo.
Elena sintió que se le cerraba el pecho.
Mauricio lo había hecho con absoluta tranquilidad.
Porque estaba convencido de que su esposa no podía verlo.
—Voy a bañarme —dijo.
Cuando salió, Elena no se movió.
Durante toda la noche fingió dormir mientras una pregunta le daba vueltas en la cabeza.
¿Cuántas cosas habría hecho Mauricio frente a ella durante aquellos 2 años creyendo que jamás podría descubrirlo?
A las 7:40 de la mañana escuchó el automóvil salir.
Esperó otros 10 minutos.
Cerró la puerta principal.
Luego regresó a la recámara.
Se arrodilló.
Metió las manos debajo de la cama y encontró la maleta.
La abrió.
Había 3 camisas, pantalones, ropa interior, un cargador y artículos de aseo.
Mauricio había preparado equipaje para irse.
Pero debajo de la ropa había algo más.
Una carpeta.
Elena la acercó a la ventana.
Todavía necesitaba mucha luz para leer.
En la primera hoja distinguió 2 palabras.
“Convenio de divorcio”.
Se le helaron las manos.
Después encontró un sobre con el nombre de una mujer.
Jimena Salas.
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