Por primera vez desde el entierro, permitió que una esperanza pequeña, dolorosa, entrara en su corazón.
Al amanecer, la comandante regresó acompañada de un agente del Ministerio Público.
Las primeras diligencias habían revelado irregularidades graves.
El documento inicial de defunción había sido expedido por Esteban, quien se presentó como médico tratante y certificó una supuesta causa cardiaca.
La documentación contenía antecedentes clínicos que Valeria nunca había tenido.
Además, el registro del servicio de ambulancia mostraba un dato decisivo: los paramédicos habían suspendido las maniobras de reanimación después de una valoración inicial y el médico certificador había intervenido posteriormente.
La Fiscalía investigaba por qué no se habían realizado comprobaciones adicionales ante un fallecimiento inesperado.
—¿Y Rodrigo? —preguntó Gabriel.
—Lo estamos investigando.
La documentación de la funeraria muestra que insistió en realizar el entierro lo antes posible.
También encontramos comunicaciones entre él y Esteban durante los días anteriores.
La memoria USB de Valeria proporcionó la siguiente pieza.
Contenía fotografías de facturas, registros de entregas y correos electrónicos relacionados con la empresa de Rodrigo.
Durante casi 2 años, su compañía había suministrado a varias clínicas dispositivos médicos de procedencia irregular, algunos acompañados de certificados de calidad presuntamente falsificados.
Las facturas indicaban pagos por más de 18 millones de pesos.
Valeria descubrió el problema cuando 3 pacientes sufrieron complicaciones después de utilizar equipos de un mismo lote.
Al revisar los registros internos, encontró números de serie que no coincidían con los documentos del proveedor.
Primero avisó a la dirección de la clínica.
Nadie respondió.
Después comenzó a guardar copias y contactó a una abogada especializada en denuncias sanitarias.
Rodrigo se enteró.
En uno de los correos recuperados había escrito:
«Estás destruyendo a tu propia familia por unos papeles.
Piensa en Mateo».
Valeria respondió:
«Precisamente porque soy madre no voy a permitir que otros niños corran peligro».
Gabriel tuvo que sentarse cuando leyó aquella conversación.
Su esposa había enfrentado sola una amenaza que él ni siquiera sabía que existía.
La investigación avanzó durante las siguientes semanas.
El análisis toxicológico detectó restos de sustancias sedantes en las muestras obtenidas de Valeria.
Los especialistas concluyeron que había sufrido una intoxicación grave asociada a depresión respiratoria e hipotermia.
La combinación contribuyó a que sus signos vitales fueran extremadamente difíciles de detectar durante las valoraciones iniciales.
Los peritos también establecieron que ningún fármaco por sí solo explicaba todos los hallazgos.
La supervivencia de Valeria había dependido de circunstancias excepcionales, de la ausencia de embalsamamiento y de la atención recibida después de encontrarla.
Los investigadores reconstruyeron sus últimas horas.
La tarde anterior a su supuesta muerte, Rodrigo acudió a la casa mientras Gabriel estaba trabajando.
Una cámara de la vivienda vecina lo mostró entrando con una bolsa de una farmacia y saliendo 26 minutos después.
Valeria había estado preparando café en la cocina.
El análisis de una taza recuperada de la casa encontró residuos compatibles con una de las sustancias detectadas posteriormente.
Los videos no mostraban el momento exacto de la administración, pero las pruebas materiales, los mensajes y las comunicaciones entre Rodrigo y Esteban permitieron establecer una línea de investigación consistente.
