💖😱😥Despumes de tres años tratándome como sirvienta, mi marido llegó con su amante y gritó: “¡Que mi esposa suba sus maletas!”. Yo ya me había ido, dejando únicamente los documentos del divorcio. Cuando el administrador le dijo que no podía disponer de mi habitación ni de la casa como quisiera, él se enfureció. Entonces recibió una llamada urgente de su empresa.
—Señor, cualquier asunto relacionado con su matrimonio debe tratarlo con sus abogados.
Alejandro esperó durante tres horas.
Finalmente apareció don Ernesto, quien ya había aceptado trabajar directamente para Mariana.
—Señor Alejandro, ella sabe que está aquí.
—Entonces dile que baje.
—No quiere verlo.
—¡Necesito explicarle!
Ernesto lo miró fijamente.
—Usted tuvo tres años para escuchar sus explicaciones.
Alejandro sintió que aquellas palabras lo golpeaban más que cualquier insulto.
—Dile que estoy dispuesto a cambiar.
—¿Cambiaría también si ella no tuviera dinero?
Alejandro abrió la boca.
No respondió.
Don Ernesto comprendió que aquella pregunta seguía siendo demasiado difícil para él.
Sin embargo, Mariana aceptó finalmente una reunión, con una condición: sería en presencia de sus abogados y únicamente para resolver asuntos pendientes.
Al día siguiente, Alejandro entró en una sala de juntas donde Mariana lo esperaba junto a un ventanal.
Por un momento no la reconoció.
No porque su rostro hubiera cambiado.
Sino porque jamás la había visto mirar a alguien sin miedo a disgustarlo.
—Mariana…
—Buenos días, Alejandro. Puedes sentarte.
Él se quedó de pie.
—¿Por qué nunca me dijiste quién eras?
Ella sostuvo su mirada.
—Te dije muchas veces quién era. Te hablé de mis estudios, mis proyectos, mis sueños y de lo que esperaba de nuestro matrimonio. Nunca te interesó escucharme.
—¡Me ocultaste tu fortuna!
—Y tú me mostraste exactamente cómo tratas a una mujer cuando crees que no tiene nada.
Alejandro bajó los ojos.
—Podemos empezar de nuevo.
Mariana negó suavemente.
—No.
—Te juro que Vanessa ya no significa nada.
—Vanessa nunca fue el verdadero problema.
—Entonces, ¿qué fue?
Mariana tardó unos segundos en responder.
—Que necesitabas creerme inferior para sentirte importante.