1 vaso de yogur natural entero (170 g) — El yogur natural actúa como el fermento o iniciador de la receta. Contiene las bacterias lácticas vivas que transformarán la leche en yogur durante el proceso de fermentación. Es imprescindible que el yogur sea natural, sin azúcar añadida ni aromas, y que contenga cultivos activos vivos para que el proceso funcione correctamente.
Preparación
Etapa 1: Calentar la leche
En una olla de tamaño adecuado, vierta los dos litros de leche entera y llévela al fuego hasta que rompa a hervir. En el momento en que aparezcan las primeras burbujas de ebullición, retire la olla del fuego. Este paso es importante para eliminar cualquier bacteria no deseada que pudiera interferir con la fermentación.
Etapa 2: Templar la leche
Deje enfriar la leche hasta que alcance una temperatura tibia, que ronde los 40°C aproximadamente. Una manera sencilla de comprobarlo sin termómetro es introducir una cucharada de leche y apoyarla en la muñeca o en el dorso de la mano: si puede soportar el calor durante al menos 10 segundos sin quemarse, la temperatura es la correcta. Este punto es crucial, ya que si la leche está demasiado caliente destruirá las bacterias del yogur y la fermentación no se producirá.
Etapa 3: Incorporar el yogur
Añada el vaso de yogur natural entero a la leche templada y remueva con energía hasta que ambos ingredientes queden perfectamente integrados y la mezcla sea homogénea.
Etapa 4: Fermentación
Transfiera la mezcla a un recipiente de vidrio o cerámica con tapa. Cubra la superficie con film transparente antes de colocar la tapa para sellar bien el recipiente. Envuelva el recipiente con un paño grueso, una toalla o una manta para mantenerlo cálido y en oscuridad. Colóquelo dentro del horno apagado, que al ser un espacio cerrado y sin corrientes de aire es el lugar ideal para la fermentación. Deje reposar durante 10 horas sin moverlo ni abrirlo.
Etapa 5: Escurrir el suero
Transcurridas las 10 horas, coloque un colador sobre un recipiente grande y forre el colador con un paño de cocina fino y limpio. Remueva bien el yogur ya fermentado y viértalo sobre el paño. Cubra la superficie con film transparente para protegerlo. Introduzca el conjunto en el refrigerador y deje escurrir el suero durante 8 horas. Es precisamente este proceso de escurrido el que da al yogur griego su textura densa y concentrada, diferenciándolo del yogur convencional.
