Y vio a Mariana.
Estaba sentada en la sala, con los brazos cruzados, mientras David lloraba en la mesa. Sofía intentó decirle algo, pero la mujer le hizo un gesto para que guardara silencio. El micrófono se oía con claridad.
«Deja de quejarte. Tu padre trabaja para ti. Deberías estar agradecida».
Su voz era fría. Cortante.
Andrei sintió un nudo en el estómago.
Rebobinó la grabación.
En otra grabación, Julia intentaba convencer a los niños de que comieran. Les hablaba con dulzura. Mariana entró y le arrebató el plato de la mano.
«No los malcríes. Los debilitarás aún más».
Julia bajó la cabeza. Él no respondió. Pero después de que Mariana se fue, se sentó junto a los niños y les secó las lágrimas.
