Ahora estábamos en la boda de mi sobrino Emiliano, celebrada en una antigua hacienda de Querétaro, rodeados de empresarios, funcionarios, militares retirados y parientes que me observaban como si yo fuera una fotografía incómoda que alguien había sacado del cajón.
Emiliano me había localizado seis meses antes.
“Tía Mariana, sé que en la familia no dicen la verdad sobre ti. Solo recuerdo que una vez me defendiste cuando mi abuelo me llamó débil por llorar. Me voy a casar y quiero que estés conmigo.”
Por eso había ido.
No por Rogelio.
Tampoco por mi hermano Arturo, padre del novio, que se acercó con una sonrisa burlona.
—Mira nada más. La pródiga regresó.
—No regresé —dije—. Vine a una boda.
Mi padre me recorrió de arriba abajo. Vio mi vestido sin marca visible, mis zapatos discretos y la ausencia de joyas. Creyó entenderlo todo.
—Emiliano siempre fue demasiado sentimental —dijo—. Pero no te hagas ilusiones. Aquí nadie sabe lo que hiciste estos años.
—Eso parece.
—Y a nadie le interesa.
En ese momento, la novia se levantó de la mesa principal.
Se llamaba Sofía Navarro. Llevaba un vestido blanco sobrio, el cabello recogido y una serenidad que no combinaba con el temblor repentino de sus manos.
Me miró fijamente.
Primero con duda.
Después con reconocimiento.
Emiliano intentó preguntarle qué ocurría, pero ella no respondió. Dio un paso hacia el micrófono y enderezó la espalda de una forma que yo conocía demasiado bien.
Mi padre chasqueó la lengua.
—¿Ahora qué espectáculo piensa dar esa muchacha?
Yo tampoco lo sabía.
Pero cuando Sofía llevó la mano a la sien, comprendí que la familia Castañeda estaba a segundos de escuchar una verdad que llevaba veintidós años enterrada.
Y nadie podía imaginar lo que estaba a punto de ocurrir…
PARTE 2
La coordinadora de la boda alcanzó a detener a Sofía antes de que hablara.
Le recordó que primero debía brindar el abuelo del novio. Rogelio sonrió satisfecho, tomó el micrófono y ocupó el centro del salón como si también fuera dueño de aquella noche.
Habló de apellido, obediencia y legado.
