PARTE 2
Mariana esperó hasta que Andrés y Valeria regresaron al baño y salió corriendo.
Caminó varias cuadras sin rumbo, llorando, hasta que un joven pasó junto a ella y le arrancó el bolso.
Dentro llevaba su teléfono, tarjetas, efectivo y su INE.
En cuestión de segundos había perdido casi todo lo que necesitaba para detener el fraude.
Entró temblando a una farmacia y pidió agua.
La mujer detrás del mostrador la observó durante varios segundos.
—¿Tú eres Mariana? ¿La esposa de Andrés Robles?
Mariana levantó la mirada.
—Sí.
La mujer soltó una risa amarga.
—Yo soy Sofía. Su primera esposa.
Mariana creyó que ya nada podía sorprenderla.
Se equivocaba.
Cuando le contó lo ocurrido, Sofía cerró la farmacia y la sentó en la trastienda.
—Andrés siempre hace lo mismo —dijo—. Primero consigue que una mujer confíe completamente en él. Después empieza a mover dinero, documentos o propiedades sin que ella lo note.
Luego reveló algo que Mariana jamás había escuchado.
Andrés tenía un hijo adolescente con otra mujer y llevaba años pagando una pensión considerable.
—A mí también me juró que nunca había tenido hijos —explicó Sofía—. Lo descubrí durante nuestro divorcio.
Sofía le prestó dinero para regresar a Ciudad de México y Mariana fue directamente a buscar al notario relacionado con la operación.
El hombre apenas la dejó hablar.
—La escritura ya fue firmada y enviada para inscripción.
—¡Yo nunca firmé!
—Entonces presente una denuncia y solicite la nulidad. Sin identificación ni documentos, aquí no puedo hacer nada por usted.
Mariana salió sintiendo que el mundo entero conspiraba contra ella.
Solo le quedaba una persona.
Su madre.
Pensó que Teresa se horrorizaría al descubrir lo que Valeria había hecho.
Pero cuando llegó, su madre ni siquiera pareció sorprendida.
—Yo ya sabía lo de Andrés y Valeria —dijo.
Mariana se quedó inmóvil.
—¿Y no me dijiste?
—Valeria necesita esa casa más que tú.
—¡Me robó a mi esposo y está intentando robarme la herencia de la abuela!
Teresa cruzó los brazos.
—Está embarazada de Andrés.
Mariana sintió un golpe en el pecho.
Pero su madre todavía no había terminado.
—Además, Mercedes nunca debió dejarte esa casa.
—¿Por qué?
Teresa la miró con una frialdad desconocida.
—Porque Valeria sí es mi hija.
Mariana tardó varios segundos en comprender.
—¿Qué estás diciendo?
—Que tú eres adoptada. Te trajimos de una casa hogar cuando eras niña.
El silencio se volvió insoportable.
—La única que realmente te quiso como familia fue tu abuela.
Y en ese instante Mariana entendió que la traición no había comenzado en aquel hotel.
La verdad sobre la casa apenas estaba empezando a salir… y lo que encontraron después cambiaría todo.
