Mi padre me quitó el asiento del avión privado y me humilló delante de mi madre y mi hermano. “Aquí solo viaja la gente importante”, dijo riéndose. Yo únicamente respondí: “¿Estás seguro?”. Tres minutos después, todos corrían a buscarme. Pero cuando llegaron al hotel de 180 mil pesos por noche, descubrieron algo mucho peor.

  • —Su padre solicitó modificar la lista de pasajeros —explicó—. Eliminó su nombre y agregó al instructor de golf.
  • —Lo sé. Quiero retirar mi autorización para toda la reservación.
  • La mujer abrió mucho los ojos.
  • —¿Está segura? El vuelo completo tiene un costo de 850 mil pesos. Si retira la autorización, tendremos que cancelar el servicio y aplicar las penalizaciones correspondientes al contrato.
  • —Estoy completamente segura.
  • Firmé la cancelación.
  • Cuarenta segundos después, el teléfono de mi padre comenzó a sonar.
  • Lo observé desde lejos.
  • Primero sonrió con arrogancia. Después se quedó inmóvil.
  • Su copa tembló entre sus dedos.
  • De pronto empezó a gritar.
  • Mi madre se levantó alarmada. Sebastián corrió hacia el mostrador.
  • Los tres comenzaron a buscarme desesperadamente.
  • Yo ya caminaba hacia la salida.
  • Cuando mi padre logró alcanzarme, mi chofer estaba abriendo la puerta de un automóvil negro.
  • —¡VALERIA! ¡ACABAS DE ARRUINAR UNAS VACACIONES DE 850 MIL PESOS!
  • Bajé ligeramente la ventanilla.
  • —Papá, simplemente hice lo que me pediste. Me quitaste el boleto porque no pertenecía a tu familia de millonarios.
  • —¡Devuelve el avión inmediatamente!
  • —No puedo. Ya está cancelado.
  • Su rostro se puso rojo.
  • —¡Te vas a arrepentir!
  • Sonreí.
  • Todavía no sabía que el verdadero problema no era el avión que acababa de perder.
  • Era que yo también había pagado el hotel donde pensaba hospedarse.
  • Y aquella misma noche descubriría algo que cambiaría para siempre nuestra historia familiar.
  • PARTE 2
  • Mi padre no aceptó la derrota.
  • Según me contó Renata después, apenas me fui del aeropuerto reunió a todos y anunció que conseguiría otros boletos.
  • —¡No voy a permitir que esa muchachita nos humille! —gritó.
  • El instructor de golf, al enterarse de que ya no viajaría gratis en un avión privado, inventó una emergencia y desapareció.
  • Arturo tuvo que utilizar una tarjeta de crédito que mantenía escondida para comprar cuatro boletos comerciales de última hora.
  • Entre el traslado al aeropuerto de la Ciudad de México, una escala en Guadalajara y los retrasos, tardaron casi nueve horas en llegar a Los Cabos.
  • Mi madre se quejó durante todo el trayecto.
  • —¡Esto parece un camión de pasajeros! ¡No entiendo por qué tengo que viajar como cualquier persona!
  • Sebastián permaneció callado.
  • Renata, en cambio, hizo una pregunta que incomodó profundamente a su esposo.
  • —Amor, si tu empresa tiene tantos millones, ¿por qué no pagamos nosotros otro vuelo privado?
  • —Mi dinero está invertido, Renata. No puedo moverlo así nada más.
  • —Entonces enséñame los estados financieros.
  • Sebastián se puso furioso.
  • —¡Deja de tratarme como si fuera uno de tus clientes!
  • Ella no volvió a discutir, pero comenzó a sospechar.
  • Cuando finalmente llegaron al exclusivo resort, Arturo recuperó parte de su arrogancia.
  • —Ahora sí van a conocer lo que es vivir como reyes —anunció—. Tenemos reservada la suite presidencial.
  • Entró al vestíbulo exigiendo champaña y atención inmediata.
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