Mi cuñado me exigió las llaves de mi departamento después de anunciar: “¡Robaron a mamá y no puede seguir viviendo sola!”. Su plan era instalar a mi suegra en mi propiedad y quedarse con la casa de tres recámaras de ella. Mi esposo estaba preocupado, pero yo acepté reunir a toda la familia antes de decidir. Nadie esperaba que sacara una fotografía antigua donde aparecía el supuesto ladrón…
—Porque tu cuñado está más preocupado por evitar una denuncia que por recuperar ciento ochenta mil pesos.
Una hora después llegamos al departamento de Teresa.
La encontramos recostada en el sofá, con una toalla húmeda sobre la frente.
Le pregunté cuándo había descubierto el robo.
Su respuesta me hizo sentir un escalofrío.
—Anoche, poco después de las nueve. Raúl vino por unas herramientas, entró a mi recámara y me avisó que habían desaparecido mis cosas.
—¿Usted no había revisado el dinero?
—No, hija. Ni siquiera sabía que faltaba.
Miré a Miguel.
Mi suegra acababa de revelarnos que Raúl había descubierto un robo que nadie le había contado.
Y lo que encontramos después fue mucho peor.
PARTE 2
—¿Cómo que Raúl descubrió el robo antes que usted? —pregunté cuidadosamente.
Teresa se incorporó en el sofá.
—Él conoce la casa, Elena. Entró para buscar unas herramientas y después me preguntó por el dinero. Cuando revisó el clóset, comenzó a gritar que me habían robado.
—¿Y cómo sabía dónde guardaba los ahorros?
Mi suegra bajó la mirada.
—Porque algunas veces le presté dinero. Él mismo lo sacaba de una caja que tengo detrás de las sábanas.
Miguel se pasó una mano por la cara.
—Mamá, ¿cuánto le has prestado últimamente?
—Treinta mil pesos hace dos meses. Dijo que necesitaba pagar a un proveedor.
Recordé entonces algo que había visto semanas atrás.
Raúl estaba saliendo de un local de apuestas deportivas, pálido y sudoroso. Cuando me reconoció, fingió estar esperando a un amigo.
En aquel momento no le di importancia.
Ahora todo comenzaba a encajar.
—Teresa, necesito que me enseñe las fotografías de Rubén.
Mi suegra me entregó su celular.
Había decenas de imágenes: cenas, flores, paseos por el parque y una celebración de cumpleaños. Rubén aparecía siempre sonriente, con su bigote canoso y una elegancia exagerada.
Mientras revisaba las fotografías, le hice otra pregunta.
—¿Dónde lo conoció?
—En una tarde de baile para adultos mayores. Patricia insistió en que fuera. Dijo que Raúl conocía al organizador.