Mi consuegra engañó a mi hija para quitarle su lugar en unas vacaciones de diez días, y su propio esposo ayudó a organizarlo. “Cuando regresemos, ya se te habrá pasado el coraje”, le dijeron desde el aeropuerto. Mi hija estaba destrozada, pero yo no perdí la calma. Les dije una sola frase, y aquel viaje que tanto deseaban empezó a convertirse en su peor preocupación.
—¡No haga un escándalo! Mi hijo merece descansar. Daniela últimamente se la pasa contradiciéndome.
—¿Y por eso le robó sus vacaciones?
—No sea exagerada. Yo también soy parte de la familia.
—Daniela pagó setenta mil pesos.
—Pues para algo trabaja. ¡No todo tiene que ser para ella!
Entonces Daniela pidió hablar con su esposo.
—Mauricio, dime que no sabías nada.
Hubo un silencio.
—Mi mamá nunca ha conocido Cancún —respondió él—. Tú estás joven. Podemos viajar otro año.
Daniela palideció.
—¿Sabías que ella iba a ocupar mi lugar?
—Desde hace dos días. No quería que te pusieras difícil.
Mi hija cerró los ojos.
Había preparado las maletas de ambos, planchado las camisas de Mauricio y comprado el bloqueador de Mateo mientras su esposo sabía perfectamente que la dejarían abandonada.
Tomé el teléfono.
—Disfrute sus vacaciones, doña Teresa. Pero cuando regresen, Mauricio ya no vivirá en el departamento de mi hija.
La mujer soltó una carcajada.
—¡Daniela jamás se atrevería a echarlo!
Mi hija levantó la cabeza.
—Esta vez sí.
Colgó.
Pero apenas unos segundos después recibió un correo de la agencia de viajes.
El asunto decía: «Solicitud de sustitución de pasajero autorizada».
Daniela abrió el documento y encontró algo que la dejó completamente helada.
Una solicitud con su nombre, su identificación y una firma que parecía la suya.
—Mamá… —susurró—. Alguien firmó por mí.
Y todavía no sabíamos hasta dónde había llegado aquella traición.
PARTE 2
—Esa firma no es mía, mamá. ¡Te juro que yo nunca autoricé que doña Teresa viajara en mi lugar!
Daniela sostenía el celular con tanta fuerza que tenía los nudillos blancos.
En la solicitud aparecía su nombre completo, una copia de su INE y una declaración donde supuestamente renunciaba voluntariamente al viaje por motivos personales.
Lo más indignante era la fecha.
El documento había sido presentado cuatro días antes.