Faltaban dos días para la boda cuando descubrí algo escondido detrás del sofá de su hijo, lo que me llevó a llamar a la policía.

La historia continúa en el primer comentario.

Encima estaba la identificación de Margaret.

Debajo, sus tarjetas bancarias. Una de ellas tenía una contraseña pegada en el reverso.

Luego encontré tres recibos en blanco con una firma.

Una nota, escrita de puño y letra de Nathan, decía:

«Para pagar las facturas».

Me temblaban las manos.

Al fondo de la mochila estaba la nota manuscrita de Margaret:

«Nathan, por favor, devuélveme mis tarjetas. Necesito pagar mi habitación. No quiero sacar más dinero».

Luego encontré sus medicamentos.

La fecha en el envase era de hacía tres días y los medicamentos aún estaban llenos.

Llamé a Margaret.

Su teléfono sonó dentro de la mochila.

En ese momento, me di cuenta de que algo andaba muy mal.

Llamé a su pensión.

Una empleada contestó.

«Soy Alison, la prometida de Nathan. ¿Está Margaret?»

La mujer se quedó en silencio.

«Nathan la recogió esta mañana. La sacó del centro. Nunca regresó.»

Se me revolvió el estómago.