“Cuando eso suceda, otro hombre criará a Oliver. Eso no debería pasar.”
La miré con incredulidad.
“¿Así que tu solución fue separar a una madre de su hijo?”
“El niño pertenece a la familia de su padre”, respondió fríamente.
Sarah dio un paso al frente.
“Pertenece a mi familia.”
“Pertenece a su futuro”, contestó Evelyn.
Antes de que pudiera responder, unos pequeños pasos resonaron por el pasillo.
Oliver estaba allí, en pijama, abrazando a su osito de peluche.
Sus ojos reflejaban confusión.
“Abuelo…”
“¿Sí, campeón?”
“La tía Evelyn dijo que algún día tendré que vivir sin mamá.”
La habitación quedó en completo silencio.
Sarah se tapó la boca, intentando no llorar.
Me giré hacia mi hermana.
—¿Le dijiste eso?
—Solo quería que entendiera la realidad.
Ya no pude contenerme.
—¿Realidad? —grité—. La realidad es que ya perdió a su padre. Ningún niño debería tener que temer perder también a su madre.
Oliver corrió hacia Sarah y la abrazó.
—No quiero que nadie se lleve a mamá.
Me arrodillé a su lado.
—Nadie se va a llevar a tu mamá.
