En una gala, vi a mi exmarido sonriendo junto a la mujer con la que me había engañado, después de pasar 6 años haciéndome creer que nadie volvería a elegirme. Me acerqué a un desconocido y le dije: “Por favor, bésame la frente. Él está mirando”. Aceptó sin hacer preguntas… pero cuando mi exmarido le vio bien el rostro, su arrogancia desapareció de inmediato, y por primera vez lo vi realmente asustado.
—Señorita Hayes, existe una denuncia formal contra su empresa por supuesto mal manejo de donaciones.
Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.
—Eso es falso.
Gabriel exigió ver la denuncia.
Cuando apareció la firma, ya no necesité leer nada más.
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Richard Hayes.
Mi exesposo llevaba meses intentando destruir aquello que había conseguido conservar después de nuestro divorcio.
Cuando todos salieron, respiré con dificultad.
—No necesito que arregles mi vida.
—Lo sé.
—Entonces deja de mirarme como si estuviera rota.
Gabriel se acercó, pero se detuvo antes de tocarme.
—No te miro así. Te miro como a alguien a quien llevan años intentando apagar porque no pudieron controlarla.
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Mi respuesta murió cuando sonó su teléfono.
Daniel hablaba con urgencia.
Carlo había desaparecido.
Salvatore ya sabía que estaban investigándolo.
Y horas después, Gabriel descubrió algo todavía peor:
Richard no estaba destruyendo mi empresa solo por venganza.
Le estaba vendiendo a Salvatore mis listas de clientes, mis precios y mis propuestas confidenciales.
Pero aquello no fue lo que hizo que Gabriel cerrara los ojos frente a los documentos.
Lo que realmente lo golpeó fue comprender que la red había funcionado durante 18 meses con autorización de su propio primo.
Sin que yo lo supiera todavía, la familia del hombre que acababa de prometer ayudarme también había participado en la destrucción de todo lo que yo había construido.
Parte 2: A la 1:13 de la madrugada, Gabriel apareció en mi departamento.
Estaba empapado por la lluvia.
—Haz una maleta.
—¿Qué pasó?
—Los hombres de Salvatore fotografiaron tu edificio esta tarde.
Mi cuerpo se quedó inmóvil.
—¿Estoy en peligro?
Gabriel no intentó suavizarlo.
—Sí.
Me llevó a una propiedad protegida en Valle de Bravo, rodeada de árboles, cámaras y hombres armados.
Cuando llegamos, vi sangre en sus nudillos.
—¿Qué te pasó?
—Tuve un desacuerdo.
—¿Con el puño?
—Entre otras cosas.
Tomé su mano para revisar la herida.
Gabriel se quedó completamente quieto.
—Me estás asustando —admití—. ¿Qué clase de hombre eres?
Su mirada se endureció, pero no conmigo.
—El tipo de hombre del que probablemente deberías mantenerte lejos.
—Entonces, ¿por qué estás aquí?
Su respuesta fue baja.
—Porque no pude mantenerme lejos de ti.
Aquella noche dormí poco.
Al día siguiente encontré por accidente un documento dentro de una carpeta que Daniel había dejado sobre una mesa.
200,000 dólares.
Moretti Holdings.
Salvatore Advisory.
Bajé directamente a la biblioteca.
—¿Tu empresa financió a la gente que destruyó mi negocio?
Gabriel miró el papel.
—Sí.
—¿Lo sabías?
—Lo descubrí después de conocerte.
—¿Y decidiste no decírmelo?
—Necesitaba averiguar quién había autorizado el pago.