—Miguel, siento lo que sucedió en el cumpleaños de papá. Fue un error. Debí manejarlo de otra manera.
—Le pediste al restaurante que no me permitiera entrar —respondí—. Eso no es un malentendido.
Su expresión se endureció.
—Estaba preocupada por papá. Había tenido semanas difíciles y pensé que una reunión pequeña sería mejor para él.
Mi padre intervino.
—Yo nunca te pedí una reunión pequeña. De hecho, te pregunté dónde estaba Miguel, y me dijiste que tenía trabajo.
Vanessa bajó los ojos.
Carlos se quedó mirando la mesa.
Derek revisaba su teléfono.
—Hay algo más que necesito entender —continué—. ¿Por qué llevas 2 años diciendo que mi empresa está fracasando? Se lo dijiste a papá, a Carlos, a Andrea y a la tía Linda.
Vanessa tardó en contestar.
—Solamente quería que la familia no tuviera expectativas demasiado altas sobre ti. Si las cosas salían mal, no quería que todos se decepcionaran.
La miré incrédulo.
—¿Les dijiste que era un fracasado para evitar que se decepcionaran conmigo?
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
No supe cuánto había de arrepentimiento y cuánto de frustración por haber perdido el control de la situación.
Quizá ni ella misma lo sabía.
—No voy a fingir que todo está bien —le dije—. Pero tampoco voy a excluirte de mi vida como tú intentaste excluirme de la tuya. Lo que necesito es que dejes de mentir. Sobre mí, sobre mi empresa y sobre el dinero de papá.
Vanessa asintió entre lágrimas.
Derek no levantó la mirada del teléfono.
Aquella reunión no arregló nuestra relación.
Pero al menos consiguió que dejáramos de fingir que no había pasado nada.
Han transcurrido 4 meses desde entonces.
Ahora papá y yo cenamos juntos cada 2 viernes.
A veces vamos a Taivera Luca y otras veces elegimos algún restaurante distinto de Monterrey.
Conversamos de negocios, de la familia y de cosas que antes nunca encontrábamos tiempo para compartir.
Papá me contó que está actualizando su testamento con la asesoría de Tomás.
Le dije que no me interesaba cuánto dinero pudiera dejarme.
Era verdad.
Lo único que había querido durante aquellos años era seguir siendo parte de su vida.
Con Vanessa mantengo una relación cordial, aunque distante.
Ya no tenemos la confianza de antes.
Hasta donde sé, dejó de inventar historias sobre mi empresa.
Ella y Derek continúan enfrentando las dificultades financieras que provocaron sus decisiones.
No sé si Vanessa realmente cambió.
Todavía me cuesta confiar en ella.
Pero tampoco he cerrado definitivamente la puerta.
Carlos me llamó hace unas semanas.
Hablamos un buen rato hasta que dijo algo que nunca esperaba escuchar de él.
—Miguel, debí preguntarte directamente cómo estabas, en lugar de creer todo lo que Vanessa decía.
Le agradecí que lo reconociera.
Gregorio sigue trabajando en Taivera Luca.
Luca no lo despidió.
