Después de encontrar a una madre y a su hijo solos en la carretera, el millonario les ofreció techo pese a que su propia familia esperaba heredar millones. “Mañana desapareceremos de su vida”, prometió la mujer. Pero al amanecer él abrió la habitación y vio una escena que lo dejó helado; minutos después sacó del cajón un testamento de años atrás, porque acababa de comprender quién llevaba tiempo engañándolo…

Patricia, la amiga a cuya casa Laura había intentado llegar aquella primera noche, la buscó con una advertencia. Su esposo había trabajado en el municipio y había escuchado rumores sobre un terreno de doce hectáreas que Alejandro poseía cerca de una futura zona logística.

—Ese terreno valía poco hace años. Ahora puede valer diez veces más. Y hay gente preguntando por él.

Alejandro confirmó todo.

Días después, dos representantes de Horizonte Desarrollos llegaron ofreciendo comprarlo por casi la mitad de su valor. Alejandro se negó.

Laura investigó con ayuda de un compañero de oficina. Descubrió que personas vinculadas a la empresa también habían prestado grandes cantidades a pequeños empresarios de la región.

Entre ellos estaba Rodrigo.

Esa misma semana, Alejandro recibió otra noticia: el tumor volvía a crecer.

Una tarde apareció en el departamento de Laura apoyado en un bastón.

—Voy a empezar otro tratamiento. Quiero pedirte algo.

—Dilo.

—Quiero que tú y Mateo vuelvan a mi casa por unos meses.

Laura se quedó quieta.

—¿Por qué nosotros?

—Porque no quiero llegar a la cocina y encontrar sólo silencio. Quiero escuchar a Mateo discutir con el gato. Quiero que la casa siga sintiéndose como una casa.

En ese momento Mateo apareció con un dibujo: tres personas junto a un árbol.

—Este eres tú, ésta es mi mamá y éste soy yo. Estamos plantando un manzano.

Tres días después, Laura aceptó.

A finales de abril volvieron a Tequisquiapan.

Y Rodrigo apareció otra vez.

Al verla abrir la puerta, perdió el color del rostro.

—¿Tú otra vez?

—Vivo aquí por decisión de Alejandro.

Rodrigo apretó la mandíbula.

—No tienes idea de en qué te estás metiendo.

Alejandro apareció detrás de ella.

—No, Rodrigo. La pregunta es en qué te metiste tú.

Sobre la mesa del estudio había un expediente con contratos, nombres de empresas y una deuda millonaria.

Por primera vez, Rodrigo dejó de parecer un heredero impaciente.

Parecía un hombre acorralado.

PARTE 3

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