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—Voy a volver.
Te lo prometo.
—¿Y si no alcanza el tiempo?
—Sí alcanzará.
El avión golpeó la pista con tanta violencia que sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.
La cabina comenzó a llenarse de humo.
Vicente levantó a Sofía y la condujo hacia la salida principal.
Intenté quitarme el cinturón, pero la hebilla se había torcido contra mi abrigo.
—¡Vicente!
Él volteó.
—¡Espérame, Ana! ¡Ya regreso!
Y desapareció.
Todavía recuerdo aquella puerta vacía.
El hombre que había prometido proteger a nuestro hijo acababa de salir del avión con otra mujer.
Finalmente conseguí liberar el cinturón, pero un dolor terrible me atravesó el abdomen.
Me sujeté de una pared, temiendo que algo estuviera ocurriéndole a mi bebé.
Entonces alguien tomó mi brazo.
—Por aquí no.
Hay demasiado humo.
Era Daniel Reyes, un mecánico que viajaba con la tripulación.
—Mi esposo va a regresar por mí —murmuré.
Daniel señaló una pequeña escotilla de mantenimiento.
—Primero tenemos que sacarlos a usted y a su bebé.
Me ayudó a bajar por una escalera de emergencia, al otro lado de la aeronave.
Cruzamos una zanja hasta refugiarnos detrás de una barrera de concreto.
Un segundo después, escuchamos una explosión.
Daniel me empujó al suelo y protegió mi cabeza mientras una ola de calor atravesaba la pista.
El avión había estallado.
Al otro lado del incendio, Vicente intentaba regresar desesperadamente.
—¡MI ESPOSA ESTÁ ADENTRO! ¡TIENE 7 MESES DE EMBARAZO!
Los bomberos tuvieron que sujetarlo para impedir que se acercara a los restos.
Pero yo ya estaba lejos.
Los paramédicos me encontraron detrás de la barrera y me trasladaron por una vía de servicio hacia otro hospital.
Había perdido mis documentos y quedé inconsciente antes de poder identificarme.
Los registros de evacuación estaban incompletos.
Una falla de comunicación impidió relacionar mi traslado con la lista de pasajeros.
Vicente pasó las siguientes noches llamando hospitales y contratando investigadores.
Dos días después encontraron mi pulsera cerca de los restos del avión.
Tenía pequeñas estrellas grabadas, una por cada aniversario de nuestro matrimonio.
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