Cuando mi hijo se enteró de que necesitaba una operación urgente, me quitó los 285 mil pesos que había ahorrado y dijo: “Mamá, a tu edad es mejor no gastar en médicos”. Creyó que me quedaría llorando y esperando su ayuda. Pero yo encontré la factura de una camioneta y preparé todo en silencio. La mañana de mi cirugía, él recibió una sorpresa que jamás imaginó…
Remendé zapatos. Dejé de comprar ropa nueva. Pasé cumpleaños sin pastel y Navidades sin regalos.
Todo por una esperanza: volver a caminar sin aquel dolor que me despertaba cada madrugada.
Cuando el médico me explicó que podía esperar una cirugía por el sistema público, pero que mi cadera estaba empeorando rápidamente, decidí reunir el dinero para atenderme en una clínica privada.
Y lo conseguí.
Hasta que mi propio hijo decidió que mi salud valía menos que sus caprichos.
Aquella tarde regresé a mi departamento llorando. Subir las escaleras hasta el segundo piso me tomó casi diez minutos.
Me senté frente a una fotografía de mi difunto esposo Manuel.
—¿En qué nos equivocamos con nuestro muchacho? —pregunté.
Entonces recordé algo.
Cinco años atrás, Sergio me había pedido vender un pequeño terreno y el antiguo taller que Manuel dejó al morir. Con ese dinero compramos una camioneta Toyota que Sergio necesitaba, supuestamente para trabajar.
Pero la registramos a mi nombre porque él tenía problemas con una deuda.
En mi clóset todavía guardaba la factura original.
Y la segunda llave.
Estaba buscando aquella caja cuando sonó el teléfono.
Era mi cuñada Patricia.
—Rosita, ¿es verdad que estás desahuciada? Sergio anda diciendo que no llegas viva a diciembre. Hasta comentó que ya tiene alguien interesado en comprar tu departamento.
Me quedé helada.
Mi hijo no solamente había gastado el dinero destinado a salvar mis piernas. También estaba haciendo planes con mi casa, como si yo ya estuviera muerta.
PARTE 2
—¿Quién te dijo que voy a morirme, Patricia?
—Sergio. Aseguró que los médicos ya no pueden hacer nada. Incluso preguntó por las escrituras de tu departamento porque, según él, pronto tendrá que encargarse de todo.