«Ven conmigo.»
Me condujo al pasillo vacío.
«¿Qué pasa?», pregunté.
«Antes de la cirugía, Rosie me hizo prometer que te diría la verdad si no despertaba.»
Se me encogió el corazón.
Los ojos de Ben se llenaron de lágrimas.
«Ahora es el momento de descubrir por qué me casé con ella en realidad.»
Los pensamientos más aterradores cruzaron por mi mente.
Dinero.
Culpa.
Lástima.
¿O se casó con Rosie solo para estar cerca de mí?
Ben sacó un documento del bolsillo de su chaqueta.
«Es mucho peor de lo que crees», susurró. «Siéntate.»
Me temblaban las manos al abrirlo.
Era una solicitud de tutela, redactada hacía cuatro años, apenas unas semanas antes de que Ben le propusiera matrimonio a Rosie.
Nuestros padres habían planeado declarar a Rosie legalmente incapacitada, internarla en una institución y apoderarse de la herencia que su abuela le había dejado.
Ben se enteró de este plan y se casó con Rosie para ayudarla a combatirlo.
Y entonces vi la última página.
Mi nombre aparecía debajo de la solicitud que autorizaba el internamiento de Rosie en la institución.
